Es mucho lo que nos hace recordar con gran emoción esta preciosa vista de un bello como activo día en esta vía pública de nuestro querido pueblo (la calle 4, o Refugio, o Martín Marrero), tan histórica como eterna, que es donde estuvo establecida, entre otros importantes edificios y comercios, la “Gran Casa” de los santiagueros que siempre estará en nuestro recuerdo: el glorioso e inolvidable Centro de Instrucción y Recreo y su Teatro Popular, institución patriótica y cultural de nombre inmortal en la gran historia de Santiago de las Vegas.
Así como apreciamos el pueblo alineado en ambos lados de la calle, comenzando por la izquierda de la fotografía podemos ver el local de la recién establecida Ferretería “La Cubana” de Alfredo Cribeiro y Arturo Morales que, antes de mudarse para el edificio anexo de la esquina, en sus comienzos compartieron espacio con el popular establecimiento de "limpieza y arreglo" de calzados “Salón London”. Éste era propiedad de Manolito Marrero, y según recordamos ahí trabajaba como responsable Cheo Gil, acompañado de los hermanos Cuadra. Uno de ellos, Humberto, por tener un problema en su dicción hablaba muy rápido y a veces no se le entendía. De él nos acordamos por un detalle: su fiel sintonía en el pequeño radio del salón de los programas del popular cantante Vicentico Valdés (famoso intérprete del bolero "Envidia"), al que siempre Humberto escuchaba y tarareaba según atendía a su numerosa y fiel clientela.
Siguiendo nuestro recorrido por el lado este de la calle 4 podemos ver, enarbolando en su frente nuestra enseña nacional, el local de la Escuela Pública No. 1, donde recordamos ejercían como maestras las distinguidas profesoras Esther Lilia Alemán Campos, Sabina Manrique, María Barroso, Belisa Herrera, Nilia Gravier Sánchez, Eloisa Martínez y otras a quien no recordamos.
Continuando nuestro trayecto podemos distinguir el sólido edificio de la Sociedad Aliados Chinos (Casino Chung Wah), prestigiosa institución que agrupaba a la laboriosa y distinguida colonia china de nuestra municipalidad.
Le sigue el local que por mucho tiempo ocupara la muy popular lavandería y tintorería propiedad del estimado comerciante José María Valdés, más conocido como “Julio el tintorero”, quien residió por muchos años en el mismo local con su querida familia. Siempre lo recordamos trabajando en su negocio abierto casi permanentemente, pudiéramos decir las 24 horas del día, o sea como modernamente se cita en el mundo anglosajón de hoy... 24/7 ("twenty-four-seven").
Siguiendo en la misma dirección encontramos las viviendas que en ese entonces ocupaban las familias del Gallego Suárez y su esposa Rosa Cao e hijos, seguida por la profesora Fonseca, esposo e hijos, dos de las pocas familias residentes de la cuadra.
Llegando a la esquina de la calle 11 recordamos a continuación el local de una no muy activa barbería contigua al famoso y concurrido billar de Freire, y colindante con éste, la popularísima fritura y heladería de “Bigote el chino” y su socio José, donde “milagrosamente” y por pocos centavos podías alimentarte con un sabroso helado y una buena ración de bollitos de carita, maní, boniatos, bacalaítos y “majúas fritas”... ¡vaya nostálgico apetito!
Pasando al otro lado de la fotografía identificamos en su extremo inferior derecho, de perfil, la figura de Rodolfo Denis (alias "Plata Bella"), recordado jugador del team de béisbol del C.I.R. de los 1920 y por muchos años eficiente empleado como taquillero del Teatro Popular del Centro.
Siguiendo nuestro recorrido encontramos a la derecha de la imagen la puerta y ventanas de la casa donde residía la familia del joven Mauro Álvarez junto con su padre, que trabajaba para la Compañia Cubana de Electricidad, su mamá y su abuela. Hijo único, de profunda devoción católica, Mauro murió repentinamente siendo aún muy joven no sin antes haber demostrado su gran valía como solidario ser humano, cuando en tiempos muy revueltos y difíciles ayudó a muchos de sus coterráneos con su excelente y detallado trabajo al frente de la documentación y archivos de nuestra Iglesia Parroquial.
Continuando con los detalles de la fotografía, podemos ver en la acera a la derecha, caminando con un característico andar campesino, al asociado y asiduo visitante del Centro “Mr. Pérez”, conocido santiaguero de profesión ingeniero el cual, no obstante su título, era citado por muchos por ese habitual sobrenombre. Su hermana la Dra. Pérez, médico de profesión, trabajó por algunos años en el Policlínico de 7 y 12. Ambos profesionales nunca negaron su humilde origen rural del que socialmente siempre mantuvieron sus campechanos hábitos y aún su forma típica de hablar, no obstante alguna que otra timidez.
Prosiguiendo en nuestro recorrido, a la derecha de la fotografía se deja ver el sólido edificio de la entonces Farmacia Díaz, propiedad del Dr. José Díaz Garbalosa (Pepito), estimado profesional, siempre cordial en su trato, miembro a su vez de una muy distinguida y antigua familia santiaguera. Es justo el mencionar que en este céntrico local estuvo situada, en la década de los 1920 y principios de los 30, la Farmacia Valdés, así como por poco tiempo a finales de los 1940 un pequeño servicio de comidas o fonda.
Siguiendo nuestra fotográfica narración llegamos al local del “Venecia Bar”, cuyo letrero lumínico se proyecta sobre la calle anunciando la venta de café y lunch, negocio que por espacio de unos dos años fuera propiedad de Evelio “Tata” Carballo antes de que éste lo vendiera a Félix Hernández Alfaro, más conocido en Santiago como “El Gordo Félix, el rifero”, quien inauguró en el lugar un nuevo y renovado establecimiento al que denominó “Bar Los Tres Ceros” (abajo, pocos años después).
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| En el Bar 000, Roselló, Amado Herrera (Maninito), Ismael Balido y Miguel A. Pozo (Miguín). |
Es significativo el señalar que a estos dos comercios, anteriormente mencionados, les precedió en este importante lugar la muy tradicional cafetería y repostería conocida como “El Central”, por muchos años propiedad del respetable comerciante español Celestino Estrada, de grata recordación en nuestro pueblo por su probada laboriosidad y conducta acrisolada.
Algo que nunca olvidaremos de la cafetería “El Central” de Celestino será lo delicioso de muchos de los productos de repostería que allí se producían, entre ellos, el famoso y riquísimo “panqué de Caracas”, elaborado con una receta especial con la nata de la leche, lo que los mantenía por días y días suaves, dulces y apetitosos; asimismo otra de las golosinas que nunca olvidaremos serán los ricos “merenguitos” que eran las delicias de grandes y chicos en aquel querido Santiago.
Continuando en este imaginario viaje que esta bella estampa nos ha proporcionado, pasamos por la acera frente al augusto, hoy vacío, lugar que siempre nos recordará a nuestro Centro, para llegar al espacio que desde los finales de los 1930 y principios de los 40, ocupara la popular Caficola (a la derecha), propiedad del estimado comerciante Sr. Manuel Rodríguez, y que por ende existió por varios años al lado del histórico edificio del Centro de Instrucción y Recreo.
Fué en este mismo lugar donde más tarde, a principios de la década del 1950, se estableció el exitoso Bar-Cafetería “Los Dos Hermanos”, propiedad para entonces de Evelio (Tata) Carballo con la eficiente colaboración de su hermano Onelio, queridos y bien recordados comerciantes de nuestra comunidad que se hicieron famosos por sus más de una docena de distintos sabores de batidos hechos en su mayoría de frutas naturales.
Prosiguiendo nuestro recorrido hacia la esquina de la calle 11 recordamos que al lado del "Bar de Tata” existió en los últimos años un tren de lavado de chinos, al que precedió una fonda de los mismos nacionales. A ambos comercios lo sustituyó finalmente el establecimiento de mueblería y efectos eléctricos de "Olivera y Carballo", del que eran propietarios los entonces jóvenes Armando Olivera y Erbio Carballo.
Finalmente llegamos a “La esquina de 4 y 11” – tan santiaguera como la imagen del Patrón Santiago, como la bautizara nuestro dilecto amigo y coterráneo, Leonardo Gravier.
En ésta, la más importante y famosa esquina de nuestro pueblo, estuvo establecido por muchos años el conocido y renombrado Bar-Cafetería “La Central”, comercio que principalmente por su estratégica localización disfrutó siempre de una alta y estable clientela que constantemente transitaba por su lucrativo negocio.
Quién no recuerda las famosas “galleticas preparadas” de La Central, sus sándwiches cubanos, sus medias noches... Su vidriera que daba a la calle 4 para la venta de billetes de lotería y otras chucherías... Su pequeño Salon Pullman donde se hacían reuniones de familias o de amigos, que se encontraban para tomarse una que otra “cervecita”.
¿Y quién no recuerda cada tarde, en la esquina más popular de nuestro pueblo, junto a la vidriera de “La Central”, el tradicional e histórico carrito de José “El Gallego” con su venta de sus famosas fritas?
Hasta aquí los queridos recuerdos que nos trae una bella estampa, que por el milagro de la fotografía nos hace revivir, una vez más, aquel Santiago de ayer en su época de oro.
Carlos Valiente Romero






















